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  • Itziar Fernández Cortés

Cuando la distribución libre se vuelve colaborativa

Actualizado: abr 23

Los días de confinamiento continúan y se va haciendo cada vez más tedioso permanecer en casa poniendo a prueba nuestra creatividad y nuestra paciencia.


Desde mi rincón en el mundo pasé la primera semana intentando contribuir de alguna manera para que estos días fuesen más llevaderos para todos esos niños y niñas que tenían que afrontar el día a día sin salir.


Una idea (que me pasó por la cabeza mientras conducía al trabajo) se convirtió en texto, y tras pasar por la mente creativa de Lorena Zamora, se pudo traducir en imágenes.


Así nace "mi casa es un castillo".



A partir de ese momento, la distribución libre y la magia de internet hicieron el resto.


Muchas otras mentes que han recibido el cuento le han dado vida, adaptando el mismo al formato que consideran que puede llegar a más gente.


Así es como en tan solo un mes se ha traducido al euskera, valenciano, inglés, portugués e italiano. Además tenemos dos versiones subtituladas con pictogramas, una en español y otra en valenciano. Puedes descargar cada una de estas versiones desde la web de El Hilo Ediciones.


Gracias al ofrecimiento de personas que se han sentido con la libertad de creer y aportar su granito de arena.


También nos están llegando iniciativas de profesores y profesoras que están narrando e incluso interpretando el cuento para hacérselo llegar a su alumnado.


Que nos conste, se han realizado dos iniciativas ciudadanas que han empleado "mi casa es un castillo" como excusa para fomentar la participación de los niños y niñas de sus municipios: "cuentos desde el balcón" en Haro, la Rioja; y la Comisión de Participación Infantil y Adolescente de Alcalá de Henares con la iniciativa #yotambiencuento donde participaron 73 chicos y chicas.


Este confinamiento nos puede servir para muchas cosas o para ninguna, pero no podemos negar que nos ha dado un puñetazo en el estómago que nos ha obligado a reflexionar sobre nuestra propia vulnerabilidad y la insignificancia de todo lo que hacemos para llegar a fin de mes.


Sin embargo, experiencias como esta, nos transmiten todo lo contrario... ese efecto bola de nieve donde cada uno y cada una tenemos mucho que aportar con poquito que hagamos... yo lo escribo, tu lo ilustras, él lo maqueta, tu lo traduces, ella lo interpreta, ellos y ellas lo cuentan...


Todos y todas contamos.


Así que gracias... a todas las personas que siguen creyendo y creando.


Y ánimo... porque las calles seguirán siendo nuestras algún día.

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